punto de vista cientifico de astrologia

El pasado sábado, el presidente Alberto Fernández comentó que la Asesora Legal y Técnica de la Nación, Vilma Ibarra, le había acercado una carta astral donde se le señalaba que se encontraba “predestinado a siempre y en todo momento tener que crear sobre las cenizas” . Por su lado, al día después observó con orgullo la publicación del satélite SAOCOM 1B, que espera que sea de mucha ayuda para distintos estudios ambientales.

Cabe preguntarse, ya que, si la astrología y la ciencia y la tecnología espacial están en exactamente el mismo chato de relevancia para el presidente y/o para la sociedad. Esta pregunta debe hacerse sin caer en imperativos homogeneizadores: tras todo, en una sociedad que garantiza constitucionalmente las libertades particulares en el campo del fuero íntimo, no sería fructífero (para la discusión pública) esperar saber si es correspondiente, o no, opinar, entrenar o investigar prácticas pasibles de ser consideradas como pseudocientíficas.

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Con algo de ironía y fuerza de soberbia, la nota Contra la Astrología publicada en Gaceta Anfibia a fines de diciembre nos ofrece pasar la página del astrología y confinarla de una vez y para toda la vida en el sitio del mítico, del arcaico. Y por consiguiente del fallo y la falsedad. La ciencia puede probar extensamente la falta de consistencia experimental de la astrología y la falsedad de sus argumentos, afirma el creador. Frente este razonamiento, entonces, no habría considerablemente más que decir. A menos que reconozcamos que hablamos de un falso planteo.

Para lograr realizar esta afirmación Alberto Colorado efectúa tenuemente una operación discursiva: pone la discusión en el lote del lenguaje científico, con todo cuanto esto supone como alegato de poder. La ciencia, y con ella todo razonamiento que se recubre de cientificidad, disfruta de autoridad por el hecho de que es un alegato hegemónico, un mecanismo que sobrepasa la práctica científica en sí y sus desenlaces. Como alegato de poder marcha desplazando del campo de lo legítimo, del espacio de lo verdadero, cualquier forma de conocimiento a través de su clasificación como no-científica. Pero antes, para lograrlo, un alegato de poder debe imponer y naturalizar un sistema de categorías de pensamiento. Colorado parte y se asegura desde la autoevidencia compartida de estas categorías, y define los términos en los que se genera el enfrentamiento. ¿Qué es el comprender hegemónico, sino más bien la aptitud de imponer los términos en los que pensamos la verdad, los métodos y los límites? Sería absurdo entonces ingresar en discusión con el lenguaje dominante en el momento en que la astrologia ES otro lenguaje, otro modo de crear conocimiento que no se fundamenta ni en la prueba de la ciencia actualizada (si bien tiene su iniciativa de prueba) ni en la separación naturaleza-cultura, ni en la iniciativa de sujeto como agente único separado de un horizonte «natural».

Contra las fuerzas demoníacas

Mencionado lo anterior, proseguimos:

“El primer contrapunto en la relación entre feminismo y astrología entonces es la iniciativa de que hay una esencia (término muy próximo al del alma) que nos forma desde el instante en que nacemos. El decir «sos impetuosa pues sos de Sagitario» se semeja bastante a «sos sensible por el hecho de que sos mujer», en las dos hay algo inmutable, esencial. Se podría debatir, naturalmente, que a quienes nacemos con vagina se nos forma por el hecho de que nos comportamos de determinado modo ahora la multitud que nace con plutón en el hogar 8 no. Y es verdad, pero no es necesario desconocer que el alegato astrológico está precisamente dirigido a mujeres y feminidades. ¿Por qué razón se relaciona con asambleas feministas o gacetas de chimentos y no con deportes u otros espacios típicamente masculinos?

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